Vamos a partir de una base, y es que si estás acá leyendo la nota es porque considerás que es posible aprender diseño de producto en 7 días, o en el mejor de los casos creés que el título es una provocación y el colectivo de diseñadores estaría dispuesto a insultarme. Ambos casos son terribles por diferentes motivos, pero me parece más interesante que exploremos por qué el primer escenario es irreal.
Un mar de oportunidades
En este corte temporal donde, técnicamente, todo parece ser posible, donde la distancia entre el anhelo del negocio y la materialización de la propuesta se achica cada vez más, creer que es posible tener algo funcionando en un par de días para dar una respuesta al mercado no suena tan descabellado. Pero, creo que es importante distinguir: ¿Lo que buscás es aprender diseño de producto en una semana, o incorporar una batería de vocablos y conceptos que te permitan decirle a un LLM lleno de confianza e ímpetu: BUILD ME A PRODUCT, MAKE NO MISTAKES, con floreados lingüísticos acompañando la orden? Hecha la distinción: lo primero es imposible, y lo segundo insuficiente.
El problema es que, si técnicamente todo es posible, lo único que la herramienta no te va a dar es un motivo para decir que no, por modelo de negocio o por cómo fue pensado su uso. Y diseñar es, antes que cualquier otra cosa, decir que no. Des Traynor lo dejó escrito hace más de una década, cuando los agentes haciendo knowledge-work estaban lejos de nuestra realidad cotidiana. Hoy podríamos ponerlo entre los fundamentos del diseño.
¿Y entonces, qué?
Límites. Denme límites. Busquen límites. Un producto no es lo que puede hacer (infinito): es lo que decidió no hacer (solidez). Lo que lo distingue de un demo no es la cantidad de funciones sino la cantidad de renuncias, y cada renuncia tiene un motivo que vive afuera del código y de un Figma, ya sea por financial struggling, o en algunos casos, por intuición e hipótesis basada en la experiencia.
Lo curioso, lo que hoy podemos ver después de ya varios años interactuando con LLMs, es que los motivos no salen del modelo. El modelo te dice que sí a todo, y un sí ilimitado produce un promedio; algo que funciona más o menos igual para todos, porque no fue pensado para nadie. Pero en la práctica, los límites, los bordes, salen de quién va a usar esto, en qué momento del día, con cuánta paciencia, qué ya probó antes y lo abandonó, qué no va a tolerar ni una vez. Nada de eso está en el prompt. Está en la gente.
Y acá hay algo que sí se puede hacer en 7 días. No aprender a diseñar, pero sí trazar boundaries antes de comenzar a construir, en qué contexto pasa esto, quiénes participan, qué hipótesis de solución tenés, contra qué resultado la vas a contrastar. Cuatro líneas. No es diseño todavía. Es lo que permite que después haya diseño, en vez de un menú de opciones lindas del que vas a elegir una sin saber por qué. O peor aún, porque fue el criterio que tu agéntico compañero de batallas cotidiano te acercó a la pantalla, y vos sólo decidiste aceptar por hastío, por cansancio, o (lo que es peor) por confianza ciega.
¿Y eso por qué?
Detrás de la idea de que es posible en tan solo una semana armar un producto hay una creencia más vieja que los LLMs, que acompaña a cada avance tecnológico disruptivo para la humanidad: que la herramienta decide el resultado. Que con el dispositivo usado correctamente basta para llegar al resultado. Es una idea cómoda, y se entiende la tentación: te saca de encima la parte más molesta del trabajo, el encuentro con las opiniones, vivencias y problemas de los demás.
Pero un producto no sale de la herramienta. Sale del encuentro entre una necesidad y alguien dispuesto a escucharla. La herramienta llega después, al tiempo, tras iteraciones, tras decisiones (y tal vez errores). Primero la necesidad, segundo la escucha, tercero el prototipo.
Y, tengo una mala noticia para vos que confiabas poder hacer un negocio de un millón de dolares en una semana: el único de esos tres pasos que (gracias a esta dichosa tecnología) se puede hoy comprimir a una semana es el tercero. Los otros dos no tienen atajo, porque hay algo difícil de aceptar a veces: no dependen de vos. Dependen de otros, y los otros tienen sus tiempos, sus contradicciones, sus presupuestos, y sus formas de no decirte lo que necesitan hasta que los viste usar lo que armaste con muchos tokens, sudor, y lágrimas.
Plantar bandera ante el determinismo tecnológico, alzar la voz de los usuarios. Bienvenidas las frustraciones, la búsqueda de interlocutores, y la construcción a largo plazo.

Por Tomás Milgrón
